20 noviembre, 2006,10:05 a. m.
Tradiciones


Hay un café en este mundo que me encanta. Me encanta por cómo me lo sirven, porque le puedo echar crema y canela y virutas de chocolate. Porque me dura un buen rato. Y porque en el lugar en el que me lo pido lo puedo tomar sin tener que aguantar, por este orden:

1.-El humo del tabaco del tipo de al lado.
2.-Una televisión con Los 40 Latino.
3.-La musiquilla insoportable de la máquina tragaperras.
4.-Los comentarios constantes sobre cómo quedaron el Barça y el Madrid.

Sí, efectivamente. Estoy hablando de Starbucks. Conocí Starbucks en persona (en las pelis mucho antes) en mi viaje a Nueva York hace unos 3 años. Allí desayunaba todos los días. Un Caffe Latte con el Apple Fritter, un pastel de manzana delicioso. Todo, por unos 4,50$, alrededor de unos 3 €, aproximadamente. Delicioso. Al café le echaba un poquito de canela y unas virutas de chocolate. Para comenzar el día, simplemente era como estar en la gloria. Volví a visitar Starbucks en mi viaje a Londres y a Noruega.
No hace mucho leí en alguna parte que los cafés en Starbucks eran carísimos. La comparación, por supuesto, era entre un café con leche en taza de desayuno y un café con leche en Starbucks. En la anotación (lo leí en un blog, pero me resulta imposible recordar en cual, lo lamento) se comparaban los precios de ambos productos. Nada decía de los extras que le puedes añadir al café, del tamaño, pero sí de la calidad del café, reverenciando por supuesto nuestro "café las candelas" que te sirven en el 90% de los bares que conozco, o en su defecto el nescafé o similares, y denigrando los cafés de este establecimiento, sin al parecer haberse dado cuenta de que se pueden pedir cafés de Latinoamérica, Ásia, África...Te los puedes llevar a casa...En fin, las comparaciones siempre son odiosas, pero es que además, nada se decía del ambiente en el que te tomas el café, en el caso de que no te lo quieras llevar y tomar en la calle, sentado en un banco, leyendo un libro o con tu portátil.
Damas y Caballeros, estoy hasta los coj**** de los dichosos bares y cafeterías que no son más que una fotocopia de una fotocopia. De esos 40 Latino en la tele, de la máquina tragaperras y del humo del tabaco del señor de al lado. Las cafeterías no son más que una sucesión de mesas idénticas y de espejos rodeando las mesas, de camareros que te miran por encima del hombro y de gente con cara de cansancio. No, tomar un café relajadamente, aislándote durante un rato de tu trabajo, o de tus problemas, no tiene nada que ver con eso. ¡¡¡Y comerte algo con el café del desayuno es algo más que el jodido croissant!!!
Es increible cómo podemos seguir anclados en tradiciones simplemente por el despecho que nos producen otras posibilidades. ¿Sabéis porqué la fiesta de Halloween ha empezado a triunfar en nuestro país (y en otros)? Porque la gente se lo pasa bien. Parece que está prohibido encontrar cosas nuevas, probar cosas nuevas, disfrutar con lo del vecino, y encima que te lo pases bien. Y, para ridiculizarlo y demostrar que lo nuestro es mejor, siempre se recurre al trillado comentario de "nos están invadiendo, eso es colonización imperial yanqui" y no sé cuantas mierdas más, que ya no se las creen ni ellos. Supongo que hacer una muestra de jamón pata negra (que rico, por cierto) en la Quinta Avenida o vender nuestros vinos en el exterior no tiene nada que ver con la colonización ni con llevar nuestras tradiciones fuera de casa.
En cualquier caso, lo que sé con toda seguridad es que hay alternativas. Quizás no sean del gusto de todos, pero sí del de algunos. Y se pueden hacer las cosas de manera diferente.
Al menos, es un principio.



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posted by joerace ¤ Permalink ¤


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